Manifiesto en Pro de la Dolarización

Los abajo firmantes nos hemos unido en un Foro Pro dolarización del Ecuador.

Consideramos que dadas las difíciles circunstancias a las que se enfrenta Ecuador, la dolarización puede estar amenazada, y por eso creemos oportuno reiterar las múltiples ventajas que este sistema monetario ha traído al país y reafirmarnos en su defensa.

Durante esta época de crisis es posible que se culpe a la dolarización del mal desempeño de la economía, confundiendo a la ciudadanía y ofreciendo alternativas monetarias quiméricas y nefastas, como panaceas para la grave situación económica del país.

En estos momentos es oportuno recordar que la dolarización está encaminada a ser el sistema monetario más estable y beneficioso en toda la historia del Ecuador. Dicha estabilidad ha permitido que durante estos últimos 16 años, a pesar de haber atravesado graves crisis políticas, éstas no se hayan convertido en crisis cambiarias y financieras, como suele suceder en países que tienen moneda propia e instituciones débiles.

Ante las dificultades económicas a las que se enfrenta el país, se ha difundido la idea de que la política monetaria ayudaría a aliviar estos problemas. Teniendo en cuenta que el Gobierno de Ecuador maneja la política fiscal, de gasto, de regulación, comercial, etc.; hacer creer que con políticas monetarias se solventarían las dificultades es una falacia inadmisible. Lo único que se propone en realidad bajo el eufemismo de “política monetaria” es devaluar la moneda (que como su nombre lo indica se trata de la pérdida de valor de la moneda en la que los ecuatorianos tenemos nuestros ahorros e inversiones). Las experiencias inflacionarias que sufrimos los en los 90´s nos hacen rechazar esta opción de forma rotunda. Además, la evidencia empírica y nuestra propia historia demuestran que la dolarización funciona para controlar la inflación.

Haber eliminado del Poder Ejecutivo el manejo de la moneda, nos ha librado de la desagradable dupla inflación y devaluación para financiar las obligaciones del estado a través de herramientas monetarias. Lejos de añorar que nuestros políticos tengan la capacidad de conducir la política monetaria, creemos que esta es precisamente la principal virtud de la dolarización. Por eso queremos advertir a los ecuatorianos de la posibilidad de “desdolarizar” la economía sin eliminar los dólares de la circulación, esto es, de que el Banco Central del Ecuador vuelva a tomar medidas sobre la política monetaria del país. Ni el “timbre cambiario”, ni el “dinero electrónico ecuatoriano”, ni los “títulos del Banco Central”  son necesarios para salvar la dolarización, sino que más bien desvirtúan su esencia: el que la política monetaria ya no depende de la arbitrariedad de los gobernantes.

Los firmantes somos muy conscientes de que la dolarización, al igual que cualquier otro sistema monetario, no es una panacea para la economía, pues en economía no hay “milagros”. Pero la dolarización sí es el mejor sistema monetario que ha tenido Ecuador en toda su historia al haber garantizado por el mayor periodo de tiempo una moneda confiable, esto es, que sea un medio de pago aceptado, un depósito de valor y unidad de cuenta. Ningún sistema monetario puede resolverlo todo, más aún cuando los problemas que adolecen a la economía tienen que ver con otras áreas de la política pública: fiscal, laboral, tributaria, comercial, etc.

Abandonar un razonablemente buen sistema monetario como es la dolarización por la quimera de un idílico manejo de la moneda propia por parte de un Banco Central -que desde 2008 no goza de independencia del Ejecutivo ni siquiera en papel (Artículo 303 de la Constitución de 2008)- sería una medida muy irresponsable.

Por todo esto este Foro llama a un debate público sereno y abierto sobre las mejores medidas para solventar la difícil situación económica que atraviesa el Ecuador, y por medio de este manifiesto sostenemos que desdolarizar la economía ecuatoriana sería desbaratar la principal ventaja económica que posee el Ecuador actualmente, y que manteniéndola se puede y debe proceder a aplicar diversas medidas para lograr la reactivación de la economía.

Por lo tanto llamamos a los ecuatorianos a defender la dolarización.

Manifiesto en Pro de la Dolarización 

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El Banco Central y la crisis de 1999

Por: Gabriela Calderón de Burgos  10 de Marzo del 2017

 

El feriado bancario no hubiera sido posible sin tres elementos claves que los estatistas de todos los colores aman omitir: (1) un banco central emisor (el sucre), (2) políticos que podían utilizar el dinero de otros para beneficiar a otros en nombre de otros y (3) que tenían la fuerza del Estado para obligar a los ciudadanos a utilizar una moneda que ya no les inspiraba confianza. Estos tres elementos, que atentan directamente contra la soberanía individual y que son políticas intervencionistas, causaron una de las peores crisis en la historia del país.

Desde su creación en 1927 el Banco Central podía conceder créditos a los bancos del sistema financiero, pero es desde 1983, con la “sucretización” del gobierno de Osvaldo Hurtado, que se profundiza y abusa del papel del Banco Central como prestamista de última instancia. Esta práctica generó incentivos perversos que condujeron eventualmente a la hecatombe de 1999. Esa práctica generó inestabilidad en el sistema financiero.

Cuando el Banco Central veía que el sucre caía frente al dólar, intervenía en el mercado cambiario para intentar detener su declive, gastando en el intento la Reserva Monetaria. Al ver que la reserva caía, la gente se ponía nerviosa y retiraba depósitos del sistema financiero. Cuando eso sucedió, el Banco Central pretendió frenar los retiros y la fuga de capitales elevando la tasa de interés. Tampoco fue suficiente.

Entonces el Banco Central se embarcó en una orgía de emisión monetaria a fines de los años noventa. En gran medida, para que los bancos tuvieran suficientes sucres para atender la demanda de efectivo. Pero mientras más emitían, más se depreciaba el sucre y subía la inflación. Por ejemplo, en 1999 el Banco Central emitió 149% más sucres que en 1998. El país padeció una inflación de 52% en 1999 y el impacto de esa emisión brutal del 1999 se sintió en el año 2000 con una inflación de 96%.

El fondo del asunto es la depreciación de la moneda que detonó una corrida bancaria y la fuga de capitales, ante lo cual el Banco Central continuó prestando a los bancos incurriendo en una emisión descomunal. Esto lo hacía para que los bancos pudieran pagar a sus clientes, quienes de forma desesperada querían convertir sus sucres a dólares. La crisis cambiaria y financiera se detuvo en enero de 2000 cuando se adoptó la dolarización.

Y ese es el final feliz y una de las historias peor contadas: la dolarización es el triunfo de los ecuatorianos comunes y corrientes por sobre la imposición de una moneda que era manipulada por la clase política para beneficio propio y de sus amigos. Ahora que recordamos el aniversario del feriado bancario, recordemos que afortunadamente el Banco Central y nuestros políticos ya no tienen el poder de obligar a los ciudadanos a utilizar una moneda que no les inspira confianza. Esta semana recordemos que la crisis de 1999 no hubiera sido posible sin todo el poder que tuvo el Banco Central hasta la dolarización en enero de 2000.

Así que la raíz de la crisis de 1999 fueron la sucretización de 1983 y los gobiernos estatistas de distintos colores que continuaron con esa práctica. Si busca un principal culpable, ese es el Banco Central del Ecuador; y si busca la solución, encontrará la dolarización. (O)

Ecuador: All You Need is Dollars (Libro)

Extracto: La recuperación del Ecuador es una posibilidad debido a la Dolarización. Al no tener control sobre el dinero, y al haber distanciado al Ecuador del comercio y el capital, el Gobierno enfrenta a una de las bondades de la Dolarización: el límite al gasto público.  Ese mismo límite que no permite que continúe el despilfarro es el que levantó al Ecuador después de una crisis financiera profunda, y que permitió que el IESS y los ahorros en general se acumulen en pocos años.  El despilfarro de dinero del petróleo no se puede corregir, pero se puede superar con la Dolarización y un cambio de rumbo total en la política actual.

La versión digital del libro del economista Francisco J. Zalles está disponible aquí.

Dolarizar y el fin del devaluacionismo

Por: Luis Espinosa Goded 6-noviembre-2016

lespinosa@usfq.edu.ec

La economía es fruto de la sociedad, y la sociedad se construye en el discurso, en el relato de lo que se habla. Lo que define el desarrollo económico, más allá de lo que efectivamente se produce y que luego medimos (muy imperfectamente) con el PIB, son los valores que se reflejan en la “conversación” económica que tenemos como sociedad. Estas son las tesis de Deirdre McCloskey, que adaptándolas a la teoría monetaria en particular, nos puede ayudar a entender una de las grandes ventajas de la dolarización: centra el discurso económico en los problemas reales de la economía y no en la política monetaria.

En estos momentos el profesor Daniel Fernández Méndez, director de UFM Market Trends y uno de los mejores -si no el mejor- teórico monetario en América Latina (disclaimer: y un muy querido amigo), está manteniendo una muy interesante argumentación pública contra un grupo de teóricos cercanos a la asociación de exportadores de Guatemala sobre la necesidad de establecer un “tipo de cambio competitivo” (entiéndase: “devaluar”) entre el quetzal guatemalteco y el dólar para mejorar la economía guatemalteca.

Más allá de los argumentos esgrimidos (donde creo que queda perfectamente demostrado por parte del profesor Fernández que la devaluación no fomenta el crecimiento), lo interesante es la mera existencia del debate. Una vez tienes un sistema con un Banco Central, sea éste supuestamente independiente o no, sea éste sometido a reglas de objetivos de inflación, de crecimiento, de empleo o no… la mera posibilidad de influir sobre la política del Banco Central genera una serie de incentivos perversos en la economía del país, dinámicas muy bien estudiadas por la escuela del public choice.

Uno de los problemas más graves de las economías de América Latina es la falta de institucionalidad y de instituciones fuertes. Y a pesar de que los Bancos Centrales han gozado de privilegios y estatutos muy estrictos legalmente para garantizar su independencia (desde “candados constitucionales” hasta nombramientos de sus directores por periodos distintos de los ciclos políticos, por ejemplo), la institucionalidad sigue sin ser lo suficientemente fuerte como para garantizar la completa independencia de los Bancos Centrales, o al menos, lo que es más importante para este argumento, que los actores político-económicos no perciban que pueden influir en la política del Banco Central ya sea a través de lobby a sus miembros, o a los políticos, o a través del debate público y la agenda pública.

La verdad es que con la política monetaria se produce una situación extraña, es una política que afecta a toda la economía de un país ya que la moneda es el elemento común en todas (o casi todas) las transacciones de una economía, pero que se tiene el poder de decisión último un solo agente (la Presidenta de la Reserva Federal, del Banco Central Europeo o de cualquier otro Banco Central). Aunque, contrario a lo que se cree, su poder no es completamente arbitrario (los valores que pueden determinar los Bancos Centrales han de estar más o menos ajustados a los de mercado a medio plazo), sí es cierto que tienen un amplísimo poder discrecional para determinar los tipos de interés, los tipos de cambio, las reservas bancarias… y con ello el valor del dinero que todos utilizamos. Evidentemente en estas decisiones hay ganadores y perdedores. Si se decide un tipo de interés u otro ganarán los ahorradores o los tomadores de crédito. Es un juego de suma cero, si se beneficia a los unos se perjudica a los otros. Igual ocurre con el tipo de cambio, si se favorece un “tipo de cambio competitivo” (vulgo: devaluación) se favorece a los exportadores pero a costa de perjudicar a los consumidores nacionales. Por ello todos los grupos de interés de la economía tienen incentivos para organizarse y presionar sobre las políticas del Banco Central. Y los dos grupos de interés con mayor capacidad de organización e influencia son el sector bancario y el sector exportador.

La gran ventaja de la dolarización es que la política monetaria ya no se gestiona desde ese país, sino que pasa a ser completamente independiente de la política de cada uno de los países. Por eso yo sostengo que la dolarización no es propiamente una política monetaria, sino la renuncia a la política monetaria. Lo mejor de renunciar a la política monetaria es que se asume que los debates dentro del país no podrán influir en las decisiones de la Reserva Federal, por tanto esa vía de “solución” de los problemas económicos queda completamente capada, y obliga a todos aquellos que quieran opinar sobre la situación económica del país (más allá de hacer inútiles y nostálgicos lamentos plañideros de un manejo de la moneda nacional, como hace el Presidente Correa reiteradamente) a proponer soluciones en los otros sectores de la economía, como es el fiscal, exterior, laboral, etc…

Por desgracia en Ecuador no llegamos a dolarizar completamente la economía en este sentido, pues aún se conserva un Banco Central que sigue tomando decisiones monetarias (coeficientes de caja, tipos de interés máximos -súper intendencia-, “direccionamiento” del crédito, reservas de los bancos privados…), y cuya mera existencia amenaza con “desdolarizar” la economía, como ya se ha visto con el engendro de su propia creación que ha sido el dinero electrónico ecuatoriano, o las discusiones sobre el posible “timbre cambiario”.

En cierto modo, y como sostiene el profesor Huerta de Soto, el Euro ha tenido este efecto sobre ciertos países europeos ejerciendo como un proxy al patrón-oro, ha obligado a trasladar el foco de la política económica de los países del sur de Europa no sobre la política monetaria sino sobre las políticas económicas reales de estos países. Sin embargo los gobiernos de la UE siguen ejerciendo mucha influencia y sigue habiendo muchos intereses políticos (o al menos se sigue percibiendo que los hay) en las decisiones del Banco Central Europeo.

Es por ello que sostengo que la dolarización permite una mejora económica de los países que la adoptan simplemente pues cambia el discurso en estos países. Al eliminar completamente la posibilidad de enmascarar los problemas reales de la economía con ilusorias soluciones monetarias que nada solucionan en el medio plazo y mucho empeoran, obliga a los economistas a buscar explicaciones más profundas que las basadas en los tipos de cambio para los problemas de competitividad estructurales en nuestros países, y disuade a los grupos de interés de presionar para cambiar el tipo de cambio, obligando a los exportadores a centrarse en la mejora de la competitividad de sus productos, y a los banqueros en sus coeficientes de reserva y competencia.

En definitiva, lo mejor que tiene la dolarización, probablemente, es que evita hablar de política monetaria en nuestros países (algo que los alumnos de política monetaria y los lectores que prefieran temas más amenos también nos agradecerán); y nos obliga a centrar el diálogo sobre la economía de nuestros países en los problemas estructurales de nuestras economías, y no en falsas soluciones monetarias. Al fin y al cabo, salvo unos pocos frikis obsesionados con el problema del dinero, casi todos pensamos que la teoría monetaria es aburrida (especialmente los alumnos de los cursos de teoría monetaria de las universidades, mucho ánimo para ellos). Hablemos de la economía real, que esa sí es entretenida y sobre todo que sí nos podrá ayudar a soluciona los problemas de crecimiento y mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos.

Ecuador: Dolarización, globalización y Nirvana

por: Gabriela Calderón de Burgos

3 octubre, 2015

Gabriela Calderón de Burgos  es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Este año hemos sido testigos de una predominante nostalgia por aquellos tiempos en que nuestros políticos podían conducir política monetaria, siendo en ese entonces el Banco Central del Ecuador (BCE) un instituto emisor de una moneda de curso forzoso. Nuestro presidente, en repetidas ocasiones ha lamentado estar en una “batalla” sin “municiones”.1 El presidente no está solo, lo ha acompañado un coro de expertos dentro y fuera del gobierno, algunos incluso críticos del gobierno, que consideran que la dolarización hace agua frente a condiciones externas negativas, pues, dicen, no se tiene las herramientas de política monetaria que supuestamente nos servirían tan bien en estas circunstancias.

Afirman muchos que podríamos estimular la economía mediante una supuesta competitividad adquirida devaluando (léase, disminuyendo el poder adquisitivo de los ecuatorianos). Esta competitividad vía devaluación presume que todos los bienes son elaborados enteramente o en gran medida con insumos no transables, que no cruzan las fronteras. Pero esto cada vez describe a menos productos y servicios en una economía mundial cada vez más globalizada y en la que cada vez más de los bienes y servicios contienen una porción creciente de insumos transables y, por lo tanto, sus precios están determinados en monedas de aceptación universal, como el dólar o el euro.

La globalización de los mercados de capitales, productos y servicios, limita la capacidad de conducir política monetaria de manera independiente, incluso en aquellos casos en que un país en vías de desarrollo tiene un banco central emisor.

Pero no es solo que tener moneda nacional se vuelve cada vez más fútil en un mundo globalizado, sino que implica potenciales costos para una sociedad. Cada que alguien lamenta que no tengamos moneda nacional está cayendo en la falacia del Nirvana, frase acuñada por Harold Demsetz, economista de la Escuela de Chicago. Demsetz explicó en un ensayo de 1969 que “La visión que ahora invade gran parte de la política pública presenta implícitamente las opciones relevantes como si fuesen entre una norma ideal y un arreglo institucional existente ‘imperfecto’.  Este enfoque nirvana difiere considerablemente del enfoque comparativo en el que la elección relevante es entre alternativas institucionales reales”.2

La falacia de Nirvana va así: Si el BCE fuese un instituto emisor de moneda de curso forzoso nuevamente, este se comportaría, ahora sí, de manera óptima. Pero esta actitud no solo que olvida la desastrosa historia del BCE,3 sino que adopta una actitud sumamente optimista y romántica acerca de cómo se comportaría un BCE que ni siquiera en papel tiene independencia del poder político.4

Como dice el economista  George Selgin: “Esto no es una cuestión de posibilidad, es una cuestión de probabilidad. El banco central podría comportarse de forma óptima, pero esa solo es una de entre innumerables posibilidades. ¿Cuál es la probabilidad de que las personas a cargo del banco central se comporten de forma óptima? Hay que distinguir la pizarra de la realidad”. Es decir, el banco central emisor que tanto extrañan no tendría por qué necesariamente llevarnos a un estado de Nirvana. Nuestra experiencia reciente, así como la de muchos otros bancos centrales emisores en América Latina, indican que más probable es que nos lleven a un estado inferior a aquel de estabilidad, sin riesgo cambiario y con inflaciónbaja que nos ha brindado la dolarización.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 25 de septiembre de 2015.

Referencias:

  1. Devaluación de monedas genera debate local“, “Correa vuelve a lamentar no tener tipo de cambio“, El Universo.

Demsetz, Harold. “Information and Efficiency: Another Viewpoint“. Explicado de forma breve aquí: Cabieses, Guillermo. “La falacia de Nirvana“. ElCato.org.

  1. Romero, Pedro. “Banco Central del Ecuador: La historia que aun no aprendemos“. Instituto Ecuatoriano de Economía Política. Febrero de 2002.
  2. Artículo 303 de la Constitución de Montecristi.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 25 de septiembre de 2015. Republicado en www.elcato.org el 25 de septiembre de 2015 y reproducido con autorización explícita de dicha fuente

La dolarización salvó al Ecuador y rescataría a Argentina

Por Dora de Ampuero

Feb. 1, 2002

Los resultados beneficiosos de la dolarización en Ecuador son tan evidentes que inclusive sus detractores, principalmente grupos de izquierda, han aceptado el nuevo sistema y reconocen la estabilidad que ha generado. Dora de Ampuero

El rumor de la cesación de pagos de Argentina hizo que la tasa de riesgo país superara los 2.136 puntos e incrementó el temor a la devaluación del peso. La insolvencia fiscal no siempre significa que el gobierno recurrirá a la emisión de papel moneda, pero mientras exista esa opción, persiste el riesgo. Por ello, Argentina mejoraría su posición económica si abandona el peso y adopta oficialmente el dólar de los Estados Unidos, como lo hizo el Ecuador en enero del 2.000.

Por más de 10 años, Argentina ha estado regida por la Ley de Convertibilidad que liga el peso al dólar uno por uno. Esta política ha permitido que Argentina disfrute de estabilidad monetaria. Sin embargo, a los inversionistas les preocupa que el gobierno no logre resolver la crisis fiscal y abandone el anclaje del peso al dólar, lo cual crea desconfianza en la moneda y aumenta enormemente el margen de incertidumbre económica.

El Ecuador tiene una larga historia de inflación crónica, sin embargo, a diferencia de otros países latinoamericanos, nunca ha tenido inflación de tres dígitos. Aquí, hace dos años, la incertidumbre monetaria creció a niveles alarmantes, de manera parecida a lo que sucede en Argentina. En enero de 1999 se produjo un ataque especulativo contra el sucre ecuatoriano. El gobierno abandonó su política de tasas ancladas con mini devaluaciones y en febrero dejó flotar el sucre. La moneda muy rápidamente se devaluó, perdiendo cerca de dos tercios de su valor frente al dólar en los 10 meses siguientes. El Banco Central no tenía idea de cómo detener la caída del sucre, mientras tanto se produjo una absoluta pérdida de confianza, ocasionando que la economía se contrajera 7,3% en 1999.

El Ecuador resolvió la crisis reemplazando el sucre por el dólar el año 2.000, a pesar de los malos presagios del Fondo Monetario Internacional y muchos “expertos”. El Director del FMI, Michel Camdessus expresó: “para ser franco, la dolarización no fue la clase de política que nosotros hubiéramos recomendado al Ecuador”. Pero la implantación de la dolarización terminó con la crisis de la moneda y restauró la confianza en la economía ecuatoriana. La tasa nocturna de interés interbancaria cayó inmediatamente al 20% desde el 200% (últimamente promedió 2,6%). La economía creció 2,3% el año pasado, se espera que crezca al 4% este año y aún más en los próximos, logrando una marca brillante en la América Latina. La inflación fue 91% el 2000 debido a que los precios reflejaron la depreciación de la moneda que ocurrió el año anterior. El Ecuador está ahora convergiendo hacia el bajo nivel de inflación de Estados Unidos.

El sistema bancario también se estabilizó. En 1999, el gobierno irresponsablemente congeló las cuentas bancarias y dejó de pagar su deuda externa. Como resultado de la dolarización, el crecimiento de la economía y la confianza en la moneda permitió liberar los depósitos y reanudar el pago de la deuda, que ha sido renegociada y reducida. Ahora, que el gobierno no puede financiar sus gastos imprimiendo dinero, ha comenzado a reestructurar los procedimientos de su arcaico presupuesto fiscal. Los resultados beneficiosos de la dolarización son tan evidentes que inclusive sus detractores, principalmente grupos de izquierda, han aceptado el nuevo sistema y reconocen la estabilidad que ha generado.

En una reciente entrevista por radio, el jefe del Gabinete argentino, Cristian Colombo, dijo que si la crisis económica se acentúa, el país se dolarizaría antes que devaluar. Sin embargo, Argentina ha sufrido una recesión por más de 3 años, ¿por qué el gobierno sigue esperando? No hay mejor momento que el presente para que Argentina retire el peso y adopte el dólar. Tal decisión ayudaría al presidente De la Rúa a ganar respaldo popular y así poder gobernar más efectivamente.

Como sucedió inicialmente en el Ecuador, las ideas sobre el prestigio nacional parecen ser el principal obstáculo para hacer cambios que obviamente son beneficiosos. Sin embargo, no hay prestigio alguno en proseguir con políticas monetarias que sustentan la miseria económica de la ciudadanía. Por el bien de su propia gente y el beneficio de la economía mundial, ojalá que los políticos argentinos tengan el coraje de tomar caminos no convencionales como el que salvó del abismo al Ecuador.

©AIPE

Dora de Ampuero es directora del Instituto Ecuatoriano de Economía Política

“Ideas have consequences: the case of dollarization in Ecuador”

Dora de Ampuero escribió este artículo sobre cómo fue la dolarización en Ecuador, y fue publicado el 19 de junio de 2015 en Atlas Network.

Ecuador’s dollarization provides a good example for tracing how ideas become implemented in public policy. It takes time, effort, and dedication. One of the most relevant contributions of the Instituto Ecuatoriano de Economia Politica (IEEP) in its 25-year history of promoting the ideas of freedom was the role it played in the dollarization of Ecuador, both in its conception of the idea and in the actual implementation process. The changes did not occur magically or automatically.

Typically, this level of policy change is the result of the work and effort of many individuals and their institutions. In the case of Ecuador, a group of economists worked incessantly to promote dollarization.

Ecuador entered dollarization under a full-blown hyperinflation. At the beginning of the year 1999, the rate of exchange was 4,000 sucres per dollar; at the end of the year it reached 28,000 per dollar. Inflation was 60 percent, and the rate of devaluation exceeded 300 percent. In March, the government closed the banks for a whole week, then reopened and bailed out some of them by issuing bonds and created a new agency to guarantee the backing of deposits in the event of bank failure In 1999, the monetary base grew by 552 percent. People adopted dollars informally at first in an effort to avoid losing their purchasing power.

 

Since Ecuador’s president first announced the transition to official dollarization, Ecuadorian economists and journalists have written numerous articles explaining and defending the policy — all the more so after 2007, when Ecuador fell under the control of an increasingly dictatorial government that was unsatisfied with the impossibility of printing new dollars.

After 15 years of dollarization, the proofs are countless that it has been beneficial to the country. Inflation has been reduced, purchasing power has returned to family income, and both interest rates and country risk have decreased. Monetary confidence has at last returned, allowing long-range assets to be acquired without fear of devaluation. This positive change in expectations, along with greater transparency in negotiations, brought economic stability. Businessmen were forced to become more competitive, while also decreasing their government rent-seeking, because they could no longer depend on earnings that had resulted from the continuous yet unpredictable devaluations triggered by the whim of government.

Like most countries, Ecuador has a central bank. Prior to dollarization, people had grown accustomed to the idea that determination of the foreign exchange rate, interest rates, and purchasing power results from decisions made by the government and the Ecuadorian Central Bank. Adopting a monetary standard that was independent of Ecuadorian control, however, required a slightly different way of thinking. The system was unfamiliar, and many people said that it could not, would not, and should not be done — but it was done. It has now lasted longer than any other monetary policy in Ecuador since the 19th century, with highly beneficial results.

Economist Steve Hanke has developed a Misery Index, in which he adds the bad elements of the economy, such as the inflation rate, interest rate, and unemployment, and subtracts the good elements,  such us the rate of growth in real terms, during the prior twelve months. Venezuela has the worst ranking on this index, and Ecuador has the best ranking in Latin America. The two countries after Ecuador with the best rankings on the Misery Index are El Salvador and Panama — both of which are dollarized.

Through its support of IEEP’s independent work, Atlas Network effectively inspired Ecuador’s dollarization in January 2000. The Ecuadorian government used a study that had been carried out by IEEP in order to clarify the steps that needed to be taken to officially dollarize the economy in a clear, politically unbiased, independent, and successful manner. The uniqueness of this approach could only have been produced by an independent think tank. The work done by the IEEP provides a good example of how persistence, when focused on the right ideas and principles, can lead to effective policy reform.

My love affair with the think tank world — those institutions that deal with promoting classical liberal ideas — was initiated at an encounter with Alex Chafuen on late October 1989, at his office at Atlas Network in Fairfax, Va. Then known as the Atlas Economic Research Foundation, the organization was established in 1981 to promote the ideas of liberty by Sir Antony Fisher, a successful English entrepreneur, following the advice of Nobel laureate economist Friedrich A. Hayek. My visit to Atlas Network was suggested by David Boaz, vice president of the Cato Institute in Washington, D.C., after he learned of my interest in what they do — studies, seminars, and debates about ideas.

At that time, I was pursuing my Ph.D. in economics at George Mason University (GMU) in Fairfax, Va. This experience opened another side of the library to me: the world of classical liberal thinking and the opportunity to study classic authors and philosophers. On reading them, I learned that economic problems are never the inextricable outcome of conditions beyond the control of a country’s government, but are always the result of deliberate public policy. Only individuals know their own specific circumstances, and they make choices accordingly. Easy money, public deficits, and debt are “fallacious” policies because they sacrifice people’s future, thus creating an artificial boom that later ends in slump and depression. Real economic growth may be sustained only by having fundamental policies favorable to the stability of money and freedom of exchange.

I became convinced that the only way to foster prosperity was through individual freedom, free markets, property rights, and elimination of government intervention. Hence, I became determined to bring these ideas back to Ecuador in order to promote them there. My classmates at GMU, aware of the difficulties in changing societal ideas, used to tease me about how in the world I would be able to accomplish this unattainable dream — that perhaps I should stand in an open park and preach about the benefits of free markets.

After talking to Alex Chafuen and expressing my wishes to start a free-market institute in Ecuador, my dream began to take shape. He offered me a job as a fellow in order to train me in how to start and manage a think tank. During that stay at Atlas Network, I wrote bylaws for the new institute, built a network of friends who were fighting for freedom all around the world, and collected sets of books from different sources about economics, political science, and philosophy. That library now stands at more than 3,000 books. My meeting with Alex Chafuen changed my live — and, in a certain humble way, has changed the lives of many others.

Equipped with the knowledge acquired at GMU, lots of enthusiasm, and Atlas Network support (a small amount cash, a computer, and a printer) my husband Enrique Ampuero — who was always a staunch supporter of all my dreams — returned with me to Ecuador in 1991 to establish IEEP. Our house in Guayaquil was the host for IEEP during its first 10 years. Then we built a second small house next to us, which has been the home for IEEP ever since.

After 25 years of promoting the ideas of freedom in Ecuador, IEEP has influenced many people and has become a leading academic center for the debate on ideas. It has conducted hundreds of seminars, workshops and publications. For example, with the support of Earhart Foundation it published a textbook, Discovering the Austrian School of Political Economy, that remains fundamental in teaching economics to more than 20,000 high school students in Guayaquil and Quito.

Besides working to preserve economic liberty, dollarization also helped to preserve political liberty by reining in the dictatorial impulses of government officials. Therefore, it falls on the shoulders of IEEP to continue being an advocate for the ideas that Ecuador needs during a time when the people find themselves choosing between the socialist path and the otro sendero — the “other path.”

Entrevista de Paul Buitink y Luis Espinosa Goded a Steve Hanke sobre la dolarización

Aquí pueden escuchar la entrevista que Paul Buitink (de Reinvent Money) y Luis Espinosa Goded (de la Universidad San Francisco de Quito) realizaron al profesor Steve Hanke sobre la dolarización, el dinero, el patrón-oro y otros temas:

Espero les interese, y si quieren realizar cualquier pregunta o sugerencia en la parte de comentarios serán más que bienvenidas: